Desde que tenemos uso de memoria, las empresas en general y sobre todo las pequeñas y medianas, en conjunción con la comunidad toda, nos encontramos trabajando a destajo, para poder subsistir y a veces crecer, dentro de las contingencias de coyunturas y políticas internas que no tienen continuidad englobadas en un plan de progreso, a lo que asimismo se suman efectos no deseados de situaciones internacionales que nos afectan, condicionando nuestras posibilidades. Con viento a favor y en contra hemos encontrado la forma de poder sobrellevar las circunstancias difíciles, con lo que luego de caer, pudimos volver a levantarnos, y mantenernos en actividad, aunque sin lograr por ahora un ritmo sostenido.
Hoy aparece en el escenario otra vicisitud, que está haciendo estragos en otras latitudes del globo terráqueo. La posibilidad de que se traslade a nuestro país, donde existe una infraestructura sanitaria con menos recursos que en los países ricos, hizo que con buen criterio se tomará la decisión, replicando las acciones ya tomadas en otras regiones, de generar un “aislamiento social, preventivo y obligatorio, con actividades exceptuadas”. A pesar de que resulta de difícil cumplimiento en toda su dimensión, esto posibilitó un crecimiento lento y reducido de los contagios, con mejores resultados que en otros países. Esto tiene como contrapartida que un porcentaje elevado de la actividad económica, cercano al 70 %, se haya parado casi por completo.
Con el asesoramiento de un equipo de destacados sanitaristas, se decidió continuar por dos semanas más, con el mismo modo de aislamiento, siendo incierto por el momento cuándo podrá ser suavizado, o dicho de otra manera cuándo se podrán articular y organizar la reapertura de otras labores en forma creciente.
Desde el punto de vista de la lucha contra el virus, la medida tiene características de acertada y oportuna. Si enfocamos la mirada desde otro ángulo, con acento en lo económico, resulta pertinente mencionar que estamos desatendiendo la lucha contra la pobreza, contrincante que nos tiene a maltraer desde hace ya mucho tiempo. El riesgo de bajar la guardia y no prestar atención a esto, impacta y resiente a cada persona y sus familias, que ya se encontraban en condiciones de precario equilibrio, pudiendo sumar consecuencias negativas adicionales a los efectos propios del coronavirus.
Metafóricamente, pretendemos decir que Argentina, en su conjunto, está dando batalla contra dos enemigos poderosos: el virus y la pobreza, siendo ambos indeseables.
Por lo tanto, mostrar decisión, arrojo y un plan sólo para contrarrestar los efectos del virus, sin ofrecer lo mismo para elevar de nivel a los pobres y clase media trabajadora, es muy probable que no resuelva la situación compleja y acuciante de esas personas, sino que la amplifique.
Esto nos obliga a trabajar con toda la sociedad para dar pelea en ambas acuciantes problemáticas.
EL FRENTE DEL VIRUS
Las primeras y oportunas medidas, han evitado que la enfermedad avance con la velocidad que lo hizo allende los mares. Esto nos está dando tiempo para mejorar el equipamiento hospitalario y preparar el terreno para atender a los afectados por este virus. Gran parte de la población ha aprendido a cuidarse, a impedir ser infectada, debido a que se nutrieron de información y adquirieron prácticas para mejorar sus hábitos de higiene, distanciamiento y cuidado personal. Para las personas que trabajan en las actividades exceptuadas, las costumbres virtuosas se han expandido a sus trabajos habituales. Las empresas están adquiriendo “maestría” para poder amortiguar el efecto de esta pandemia.
Esto implica que ya tenemos numerosas herramientas, métodos y experiencias positivas para hacerle frente a este virus invisible que nos ha generado un miedo paralizante. El temor se supera con raciocinio y acciones inteligentes. La reclusión en nuestras casas es efectiva, pero tenemos que sumar, basándonos en el aprendizaje de las empresas exceptuadas, un abanico más grande e incremental de actividades que pueden ser gestionadas y monitoreadas, siendo las mismas de envergadura pequeña, mediana o grande, comercial, industrial o de servicios. De esa forma, los hacedores y emprendedores, podemos acompañar al gobierno y a la sociedad en su conjunto, en la lucha contra la pobreza. Creemos firmemente que somos capaces de hacerlo, conscientes de nuestra responsabilidad.
EL FRENTE DE LA POBREZA
Ante este panorama es que proponemos aprovechar estos días que nos quedan hasta el 13 de abril para organizar nuestras actividades, colaborar en la elaboración de protocolos seguros para toda nuestra cadena de valor y salir con más fuerza a luchar en los dos frentes, colocando en operación la mayor cantidad de recursos humanos, técnicos y económicos, con el propósito de producir y comercializar lo necesario, con el encomiable y deseable fin de poner en marcha nuevamente los engranajes. De este modo, nos será más fácil generar mejores condiciones sociales para mitigar las carencias, y ayudar a amortiguar una probable curva creciente de pobreza.
No tenemos que visualizar este problema sólo desde el aislamiento, o sólo desde la liberación total de las restricciones. Creemos que el camino es trazar un plan concreto, para replicar los casos de éxito de las empresas que están funcionando dentro de la actual situación de crisis. Las labores que se vayan sumando podrán colaborar a sostener a las que se agreguen después, probablemente las que impliquen un contacto masivo de personas.
Nuestra propuesta, descrita en estos breves párrafos, nos permitirá no descuidar los dos acuciantes frentes. Así recuperaremos nuestros ánimos y el compromiso de que juntos, gobierno, empresas, particulares, acompañando a nuestro sistema de salud, podremos superar los obstáculos y generar otra vez un marco propicio donde se pueda convivir de manera sostenible.